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Venezuela, las comunales del domingo

Publicado por Orestes Eugellés Mena

Por GERALDINA COLOTTI

CARACAS

Venezuela nuevamente a las urnas, el domingo 10 de diciembre, para las elecciones comunales a las que se presentan 1550 candidatos y candidatas. Casi 20 millones de ciudadanos (226.285 los residentes en el exterior) irán a votar en los 23 Estados del país para elegir 335 alcadesas y alcaldes que se quedarán en el cargo por un período de cuatro años. Se vota también en el Distrito Capital, que comprende la capital Caracas y las llamadas Dependencias Federales, constituidas por un grupo de islas.

Contemporaneamente se desarrolla otra importante cita, la elección para el gobernador o la gobernadora de Zulia. A las regionales del 15 de octubre – vencidas por el chavismo en 18 estados sobre 23 – uno de los cinco gobernadores electos en las filas de la oposición se ha rehusado a prestar juramento delante a la Asamblea Nacional Constituyente, el órgano plenipotenciario que preside la vida política desde el mes de agosto. Como consecuencia, el gobernador electo – Pablo Guanipa – ha sido inhabilidato y han sido convocadas nuevas elecciones.

A esta vigésimo cuarta cita con las urnas, organizada por el chavismo en 18 años de gobierno, los principales partidos de oposición – Acción Democrática, Voluntad Popular y Primero Justicia- han decidido no participar. Los últimos dos, aquellos más a la derecha, tienen al calor la vía golpista, no obstante la derrota y la fragmentación de sus bases más extremistas que ha intentado poner a hierro y a fuego algunas zonas del país por cinco meses provocando más de 100 muertos y miles de heridos.

Una franja que juega en varias mesas, y sobretodo mira a los propios padrinos internacionales, que mueven el verdadero juego político de las derechas en Venezuela y que no se preocupan más de esconderlo. En varias ocasiones, de hecho, el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, en primera fila en el conducir sanciones e injerencias contra el gobierno bolivariano, ha dictado la agenda de la oposición venezolana, obligándola a rescindir de decisiones políticas más dialogantes, ya tomadas. El proyecto de Almagro y de los poderes fuertes, desde los Estados Unidos a Europa, pasando por los países subordinados a la América Latina, es aquel de un “gobierno de transición” de instituír en el exterior, apostando sobre algunas figuras de tránsfugos como el ex-alcalde de la Gran Caracas, Antonio Ledezma, huído a España, de la ex Procuradora General Luisa Ortega, huída a Colombia, y de un Tribunal Supremo de Justicia ilegítimo, que pontifica fuera de Venezuela. A hacer de corolario, se ocupan los medios privados, que definen “constituyente cubana” la Asamblea Nacional Constituyente e ilegítimas las instituciones bolivarianas.

Mientras tanto, los Estados Unidos, Europa y Canadá y los países vasallos de Latinoamérica, cierran siempre más el circulo de las sanciones, en la esperanza de quitar consenso al socialismo bolivariano, obligándo a su base popular a la desesperación. Una hipocresía mucho más feroz en cuanto insiste por la apertura de “un canal humanitario” y denuncia una presunta “catástrofe” provocada por los altos precios y por la falta de medicinas. Una situación en gran parte determinada y seguramente impulsada al máximo por la guerra económica de los grandes grupos privados, es decir por el acaparamiento de los productos, por el sabotaje de la producción y por el mercado del dólar paralelo.

El gobierno Maduro, que hasta en los momentos más dramáticos debido a la drástica caída del precio del petróleo ha continuado a destinar más del 70% de los ingresos al gasto social, ha instituído sólidos escudos protectivos para los sectores más vulnerables, puestos sobretodo a reactivar el sector productivo para eludir la dependencia del petróleo. En estos días, el presidente ha entregado la casa popular No. 1’900.000. “Mientras el precio del petróleo bajaba, el número de las viviendas ha continuado a subir: porque hemos aprendido a hacer mejor con poco” ha dicho, anunciando la institución de la Superintendencia para la criptomoneda -“el Petro”-.

Como jefe de la recién nacida institución irá el jóven constituyente Carlos Vargas, que tiene una específica competencia en tema de moneda virtual. El Petro será sostenido por las reservas de petróleo, gas, oro y diamantes del país. Otra pieza de las políticas tomadas por el gobierno bolivariano para emanciparse de la dependencia del dólar. Después de las sanciones de los Estados Unidos, que tratan de encerrar al país bolivariano con un bloqueo económico-financiero similar a aquel impuesto a Cuba, el gobierno ha anunciado la introducción de las monedas de otros países (India, China, Rusia) en las transacciones financieras. Desde el 2008, funciona el Sucre, un sistema de compensación regional entre los bancos centrales de los países que componen el ALBA, la Alianza bolivariana para los pueblos de las Américas. La moneda alternativa, que tiene como objetivo la construcción de una nueva “arquitectura financiera”, ha executado un máximo de transacciones de 1.065,9 millones de dólares en el 2012, pero en los últimos dos años se ha mostrado en dificultad.

Ya en el 2009, Chávez habló de una “petromoneda” que fuera garantizada por la reserva petrolera de diversos países. Y ahora, el gobierno bolivariano prueba a ponerse sobre la misma vía de otros países que, como Noruega, persiguen el objetivo del paso al dinero electrónico: siempre fiel al lema: ” o inventamos o erramos”…

El viernes, en la conclusión de la campaña electoral, los observadores internacionales (unos cincuenta, provenientes de casi todos los continentes y desplegados en los 23 estados) han sido recibidos por el Ministro de Relaciones Exteriores Jorge Arreaza. Con varios acentos, los “acompañantes” han certificado la inatacabilidad del sistema electoral venezolano y la buena salud de la “democracia participativa”.

Será por esto, será porque el socialismo bolivariano constituye un ejemplo de solidez que resulta insoportable para los poderes fuertes? Arreaza ha ilustrado la compleja trayectoria que ha llevado al país “la paz constituyente” mediante la que la ANC ha puesto fin a las violencias extremistas. Violencias apoyadas por una feroz campaña económica, política mediática lanzada a nivel internacional, que no ha terminado. Un ataque que, en lo que respecta al gobierno itlaiano, usa la mentira para desorientar y desinformar, volteando los términos y los responsables del enfrentamiento de clases en curso.

Un ataque que se renueva en los años desde cuando los Estados Unidos y sus aliados han entendido que Chavez no era el mismo caudillo domesticable, sino el portador de un proyecto de cambio estructural radicado y organizado en los sectores populares. Maduro – ha recordado Arreaza- habría podido “resolver” el ataque violento de las derechas con la represión, pero haciendo cuentas con un baño de sangre. En cambio, ha escogido adoptar la misma táctica de Chavez con los militares amotinados en la Plaza Altamira que, a finales del 2002, han capturado la atención de los massmedia por meses. Chavez – ha recordado el Ministro de Relaciones Exteriores – los ha dejado “cocinar en su mismo caldo” y el intento desestabilizante se ha agotado por sí mismo.

Así, ha llegado también la “paz constituyente” con la que el país se prepara a esta nueva prueba de “democracia participativa y protagonista” que es preludio a las presidenciales del próximo año. Un proyecto, el del socialismo bolivariano, que, en 18 años, ha estimulado y puesto en marcha energías alternativas a nivel internacional.

Las intervenciones de los acompañantes, por España a los Estados Unidos, a Europa, son ahora una ulterior demostración. Quien proviene de Argentina, Brasil, de Colombia, de Guatemala, de Chile, lleva duras experiencias de derechos negados y de represión. Arreaza expresa solidaridad a los pueblos oprimidos, como los mapuches, y agradece por la presencia solidaria. Y en muchos hacen notar la distancia sideral entre la democracia participativa de Venezuela, su transparencia electoral y lo que ocurre ne Honduras, donde fraude y el desprecio por la voluntad de la población quedan en primer lugar. “Si hubiera ocurrido en Venezuela – muchos repiten – estarían ya los portaéreos de los Estados Unidos en las aguas de Venezuela”.

Traducción Gabriela Pereira