La agricultura cubana y su apremiante despegue

Publicado por Orestes Eugellés Mena

El sector de la agricultura es decisivo para cualquier economía, y en particular para la de Cuba, que gasta anualmente más de 2 mil millones de dólares en la compra de alimentos. A largo de los años se han implementado múltiples programas y medidas para lograr su diversificación, mejor abastecimiento al mercado interno, la sustitución de importaciones y el progreso de las exportaciones. No obstante, todavía son metas inconclusas.

En la evolución histórica de esta fundamental actividad se visualizan periodos favorables y otros no tan felices. Y en ese andar hay un hecho que, sin dudas, constituyó su transformación más importante: la 1ra Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959.

Hasta ese momento, más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas en el país estaban en manos extranjeras, mientras “el 85 por ciento de los pequeños agricultores cubanos pagaba rentas por sus parcelas, además de vivir con el perenne sobresalto del desalojo”, según denunció Fidel Castro en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá.
Del latifundio a la nacionalización de la tierra

La Primera Ley de Reforma Agraria consolidó la alianza obrero-campesina. Foto: Tomada de Radio Rebelde.

Con la implementación de aquella ley quedó desterrado el latifundio, criollo y foráneo. Cuba entregó la tierra al que la trabajaba: 100 mil campesinos fueron beneficiados. Y 30 caballerías fue inicialmente la tenencia máxima de propiedad para una persona natural o jurídica.

En la segunda Ley, promulgada en 1963, se rebajó el máximo a cinco caballerías, pasando a manos del Estado el 70 por ciento de las tierras del país. Este paso dio lugaral surgimiento y predominio del sector estatal en la agricultura cubana. Panorama que en la actualidad es inversamente diferente, con el auge de los productores individuales.

Las medidas tomadas por la naciente Revolución hicieron desaparecer los residuos de la burguesía rural, a la vez que trajeron una rápida disminución del desempleo, la erradicación del hambre y la explotación a la que estaban sometidos los trabajadores agrícolas. Pero también:

“¡Fue la Ley de Reforma Agraria lo que determinó a los imperialistas a llevar a cabo el plan de agresiones contra Cuba! Fue la Ley de Reforma Agraria lo que determinó a los imperialistas a quitarnos nuestra cuota azucarera, quitarnos el petróleo, y lo que determinó a los imperialistas establecer el bloqueo económico de Cuba. Esta Ley cuyo XV aniversario celebramos hoy, fue la Ley que enfrentó directamente al imperialismo contra Cuba”. [1]

Las dos reformas agrarias impulsaron, en la década de los 60, casi de manera espontánea, las llamadas Sociedades Agropecuarias o Asociaciones Campesinas como formas de producción cooperativa.

Luego surgen las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y posteriormente las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA). En las primeras los miembros mantienen la propiedad individual sobre la tierra, pero se unen para contratar determinados servicios, solicitar créditos y realizar trámites; mientras en la segunda se agrupan como propietarios colectivos, bajo el principio de la voluntariedad.

En el periodo de 1975 a 1989 la evolución de la dinámica de los rendimientos agrícolas presentó una variación positiva, en tano las exportaciones se concentraron fundamentalmente en la producción de azúcar, dirigida en su mayoría a los países miembros del CAME.

Las CPA mostraron en esa etapa resultados económicos rentables (en particular las especializadas en la producción de caña de azúcar), en cambio la mayoría de las grandes empresas agrícolas presentaron una situación desfavorable.

Si bien desde el propio inicio del Triunfo de la Revolución se trazó una estrategia de diversificación de la agricultura, teniendo como uno de los objetivos fundamentales reducir la dependencia monopodructiva del azúcar, por más de treinta años esta industria ocupó el liderazgo en la estrategia de desarrollo económico [2].

Otros renglones:

Tabaco: se considera en la actualidad la principal fuente de ingresos en divisas de la agricultura no cañera.

Tras el triunfo revolucionario la producción tabacalera experimentó un auge, alcanzando los mayores niveles históricos. Las primeras cuatro cosechas de la etapa revolucionaria fueron las más altas y estables de toda la historia tabacalera cubana, obteniéndose producciones de 50 mil toneladas anuales. A partir de 1990, la cosecha se redujo sensiblemente, ante la escasez de insumos y combustible en general.

Café:

En los primeros años de la Revolución el grano no fue una siembra priorizada, ya que las áreas disponibles eran suficientes para cubrir las necesidades. Debido al éxodo que se produce después del 59 del campo a la ciudad, se empieza a enfrentar una falta sistemática de personal para la atención de este cultivo y su producción se vuelve inestable. De ahí que se concibe el Plan Turquino a finales de la década del 80 con el fin de motivar al campesino y su familia a permanecer en la montaña.

Cítricos:

A partir de 1959 la producción citrícola se incrementó sostenidamente, sobre la base del aumento de las áreas sembradas y del rendimiento.

Ganadería:

Vacuna: Después de 1959 la dirección del país se traza la estrategia del desarrollo de la ganadería, con énfasis en la producción de leche. Al ampliarse las relaciones externas con la antigua comunidad socialista, se instauró un modelo de explotación ganadera compuesto por grandes vaquerías, dependientes de alimento importado. Todo ello experimentó un descenso continuado a partir de 1990.

Avícola: En menos de una década tras el triunfo de la Revolución el país pudo contar con una avicultura estatal moderna, tecnológicamente autónoma, pero dependiente de la importación de piensos y de las materias primas para su producción.

Porcina: En la ganadería cubana la crianza de cerdos era una de las más atrasadas. Durante los primeros años después del triunfo revolucionario se inició el desarrollo porcino sobre la base de los rebaños que existían en las fincas que pasaron al patrimonio nacional. Pero no fue hasta finales de la década del setenta que se comenzó a desarrollar con intensidad.
Periodo Especial: duro golpe a la producción agropecuaria

La desaparición del campo socialista, y con ello del nivel de aseguramiento y de relaciones preferenciales con que contaba Cuba, provocó un duro golpe a la economía nacional, particularmente al sector agropecuario.

Ante ese contexto la isla relegó de cierta manera a la agroindustria azucarera, “condicionado por la coyuntura de aquellos años, tanto externa —ya que el precio del azúcar en el mercado internacional se había deprimido—, como interna —por el hecho de que el país se había quedado a la zaga en términos de eficiencia cañero-azucarera [3].

Fue así que Cuba adoptó varias medidas encaminadas a la reanimación de la producción agropecuaria, lo que posibilitó una recuperación de los niveles productivos en varios rubros de la agricultura no cañera.

A la par se inició un proceso de transformaciones de las relaciones de producción, en pos de desarrollar las fuerzas productivas. Uno de los pasos fue la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), las que no han estado exenta de tropiezos, debido a múltiples factores, uno de ellos la falta de autonomía necesaria para su correcto andar.

Con el surgimiento de las UBPC, junto con el funcionamiento de las CPA y las CCS, Cuba definió el cooperativismo como la base fundamental de su sistema económico empresarial agropecuario.
Sector estratégico que precisa despuntar

A partir de 2007 el sector vuelve a ser objeto de reformas, decisiones que quedan formalizadas en los Lineamientos socioeconómicos de 2011, y también en la versión actualizada de ese paquete, cinco años después.

Principales transformaciones:

Reactivación de la entrega de tierras ociosas en usufructos.

Esta decisión ha contribuido a que la administración de la superficie agrícola del país se realice cada vez más por formas no estatales. En la actualidad los actores económicos en la agricultura son las CCS (que agrupan al mayor número de usufructuarios), CPA, UBPC, los productores individuales (hay más de 30 mil) y las granjas estatales.

Incremento de precios al productor para ciertos rubros como el frijol y la carne y la leche vacunas.
Autorización de ventas directas de productos a instalaciones turísticas. Descentralización de la comercialización agrícola.
Puesta en vigor de un nuevo reglamento para las UBPC.
Experimento del mercado libre de insumos agropecuarios en el Municipio Especial Isla de la Juventud.
Modificación de precios de insumos e implementos agrícolas para su comercialización libre y sin subsidio, con la consecuente modificación de los precios de acopio de la carne de cerdo y de materias primas para la industria (café, cacao, miel de abeja, entre otros), de modo que puedan percibir un margen de utilidad.
Perfeccionamiento del Ministerio de la Agricultura (MINAG), con la separación de las funciones estatales y empresariales.

Según recoge la investigación El sector agropecuario cubano en la actualización [3] tales medidas propiciaron una dinámica favorable del sector, que creció como promedio 2,2% anualmente entre 2006 y 2015. No obstante, este incremento es inferior al de la economía cubana en su conjunto (crecimiento del PIB de 4,1% en ese mismo periodo).

Entre los productos agrícolas que sobresalen en esos años con números positivos están las frutas, el maíz, los frijoles y el arroz, siendo este último el de mejor desempeño; entre los pecuarios crecen todos excepto la carne de ave, que presenta un ligero despunte al finalizar la etapa. Con todo, algunos de estos niveles productivos todavía distan de los correspondientes a 1989 (entre ellos la mayoría de los productos de la ganadería).

Las economistas Betsy Anaya Cruz y Anicia García Álvarez resumen que, con relación a los precios de los productos en el mercado interno, se constata que aún en el contexto de incremento productivo muestran resistencia a la baja, en el mejor de los casos se mantienen estables, mientras crecen para muchos de los productos de mayor representatividad en las ventas [3].

Durante los últimos tres años los resultados del sector de la agricultura han estado impactados por eventos meteorológicos, como huracanes y aguda sequía. Tampoco han sido menores las pérdidas a causa del bloqueo de Estados Unidos, política que -desde su aplicación hasta la fecha- incide en el desempeño de esta actividad.

Al cierre de 2016, Ricardo Cabrisas, entonces ministro de Economía, valoró que la producción agrícola estaba reaccionando positivamente, aunque con incrementos todavía discretos, pero frente a una industria alimentaria con limitaciones para dar respuesta adecuada a tales aumentos. “El principio de que la industria debe estimular a la producción agrícola no se cumple, lo que incide además en el nivel de importaciones que debe realizar el país” [4].
Mayores garantías a los usufructuarios y retos pendientes

Resultado de un proceso que llevaba 10 años y de opiniones de los productores, en agosto pasado entraron en vigor nuevas normas jurídicas que establecen modificaciones a la política para la entrega de tierras estatales ociosas en usufructo.

Se trata de una medida que, desde su implementación en 2008, ha permitido lograr incrementos productivos, aunque aún insuficientes respecto a la demanda, como valoró Eddy Soca Baldoquín, director de Suelos y Control de la Tierra del MINAG.

Las novedosas normas buscan incentivar al campesinado cubano, con modificaciones como la extensión hasta 20 años –antes eran 10– del periodo que puede entregarse el usufructo a las personas naturales, a la vez que el plazo de vigencia puede prorrogarse sucesivamente por igual periodo de tiempo.

Además, se incrementa la cantidad máxima de área a entregar a personas que no posean tierra en ningún concepto, de 13.42 hectáreas que establecía la anterior norma, a 26.84 ha (dos caballerías).

De acuerdo con Marino Murillo, jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, en la actualidad la solicitud de tierras es limitada. Esto se debe, explicó, a que los terrenos aún disponibles son menos productivos por causas como la infestación de marabú, la lejanía de los asentamientos poblacionales y servicios básicos y las dificultades para acceder a las fuentes de agua.

Datos ofrecidos por el MINAG indican que hasta agosto último se había entregado en usufructo 1.4 millones de hectáreas a unas 244 mil 851 personas naturales y jurídicas. En 2017 permanecían ociosas 917 mil 299 hectáreas de la superficie agrícolas, de ellas, unas 350 mil 284 estaban disponibles para la entrega a personas naturales.

En 2018 comenzó también la aplicación gradual del cobro de los impuestos en lo concerniente al uso, posesión y ociosidad de las tierras agrícolas y forestales, con el principio de que pague más el campesino que ha dejado de producir en tierras de mayor calidad, pues “la vocación de este tributo no es recaudadora, sino para motivar a las personas a explotar las tierras”, acentuaron funcionarios del Ministerio de Finanzas y Precios.

Análisis oficiales exponen que el 50% de los alimentos que Cuba importa cada año podría producirse en el país. Esta realidad habla de potencialidades aún por aprovecharse, pero también de la necesidad de, entre otras cosas, estructurar la actividad en cadenas productivas y de invertir más en ella (una de las vías identificadas es la inversión extranjera). La meta sigue siendo que este sector desempeñe el rol que le corresponde en el sistema económico nacional. Tomado de CUBADEBATE

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